sábado, 31 de marzo de 2012

Usura











“Los padres de la iglesia califican lo “mío” y lo “tuyo” de palabras funestas y la propiedad privada de usurpación y robo. Han condenado la propiedad porque, según el derecho natural y divino, la tierra es común de todos los hombres y, por consiguiente, produce frutos para el uso general de todos. Han enseñado que sólo la codicia, fruto del pecado original, invoca los derechos de posesión y ha creado la propiedad privada. Han sido lo bastante humanos y enemigos del mercantilismo para considerar toda actividad económica en general como un peligro  para la salvación del alma, es decir, para la humanidad. Han odiado el dinero y los negocios monetarios y han llamado a la riqueza capitalista aliento de llama infernal.





El principio fundamental de la doctrina económica, a saber, que el precio resulta del equilibrio entre la oferta y la demanda, ha sido despreciado por ellos de todo corazón, y han condenado los actos de los que sacan partido de las circunstancias como una explotación cínica de la miseria del prójimo. Ha habido una explotación aún más criminal a sus ojos: la del tiempo, ese delito que consiste en hacerse pagar una prima por el sencillo transcurso del tiempo; dicho de otra manera: el interés, y abusar así, para su propia ventaja y a costa del prójimo, de una institución divina, valedera para todos: el tiempo”.




Thomas Mann: “La montaña mágica”

sábado, 3 de marzo de 2012

Batea




“ todos levamos un morto dentro de nós

                                        senón iríamos ao rolo

                                        como quen di á deriva “





                           Pedro P. Riobó : “As desfeitas do día “

viernes, 24 de febrero de 2012

Ordenador



Era el ordenador más potente que jamás se había construido. Presentaba sistemas de cómputo en paralelo con unas capacidades de cálculo inimaginables.


Comenzaron a introducirle datos, en tiempo real, en el año 2020 y, desde entonces, sus discos de memoria, sus circuitos integrados y los modelos matemáticos que utilizaba se fueron incrementando y perfeccionando de forma exponencial.

Desde cada una de las estaciones meteorológicas y boyas oceánicas del mundo, le llegaban  datos informándole del estado atmosférico y de los mares de todo el globo. Recibía informaciones continuas de una pléyade de satélites artificiales que medían y registraban al segundo los desplazamientos de borrascas y huracanes. De esta manera, las previsiones meteorológicas que elaboraba presentaban una fiabilidad cercana al cien por cien.





Del mismo modo, se le enviaban todos los informes de las estaciones sismológicas repartidas por los cinco continentes y las proporcionadas por los sensores situados sobre la corteza oceánica.


Analizaba cada uno de los valores en bolsa, de metales y piedras preciosas, así como las fluctuaciones en el precio de combustibles y materias primas. Recibía los balances económicos de los países del mundo, pronosticando lo que iba a ocurrir con meses o años de antelación y aconsejaba a los organismos internacionales para que tomaran las medidas pertinentes. Así se evitaban desabastecimientos de cualquier producto necesario o conflictos sociales.

 


Los departamentos sanitarios estatales le enviaban informes sobre la incidencia de cualquier tipo de enfermedad, principalmente de aquellas con carácter contagioso. Así se impedía la aparición de epidemias o que determinado hábito de consumo provocara la aparición de dolencias crónicas.


Con este ordenador se había conseguido que el terremoto de grado nueve, que afectó a la ciudad de Los Ángeles en el año 2050, no causara más que unos mínimos daños materiales. La computadora había vaticinado el año, mes y día en que iba a ocurrir y las autoridades tomaron las medidas oportunas guiados, en todo momento, por las indicaciones dadas por la máquina.

También acertó cuando predijo la llegada del invierno más frío que se recuerda, ocurrido en el año 2062. El desalojo y evacuación de millones de personas, residentes en zonas de riesgo,  se saldó con un mínimo número de víctimas, causadas sobre todo por accidentes de tráfico ocurridos durante su traslado.

 
 


La mayoría de las decisiones e indicaciones dadas por el superordenador, tomadas después de evaluar y contrastar infinidad de datos, no podían ser confirmadas o ratificadas por ningún científico o comité de expertos, ya que los cálculos de la máquina requerirían de años para su comprobación.


A veces, sus recomendaciones, parecían contrarias al sentido común y carentes de cualquier tipo de lógica. Pero la comunidad científica, los gobernantes y las autoridades económicas las seguían al pie de la letra.

Como aquella vez, en el año 2048, cuando ordenó talar una franja inmensa de la selva amazónica. Nadie entendía el significado de dicha medida hasta que apareció el horrible incendio, ese mismo año, que sólo pudo ser sofocado gracias a la deforestación realizada previamente.

Ningún gobernante cuestionaba sus decisiones y el mundo entero se prestaba a ejecutarlas con la mayor prontitud. Hasta ayer.

Ayer el ordenador informó que era necesario empezar a sacrificar a grupos de humanos. Decía que el futuro del planeta se podría complicar en muchos aspectos si no se eliminaba, en un acto rodeado de cierta solemnidad, a cien humanos jóvenes.



Benno von Archimboldi: “Cálculo y poder.”

domingo, 12 de febrero de 2012

A praia do Con



"Atopábase no peirao adxacente á praia dos Cons, xusto na punta, onde o faro vermello e branco repintado centos de veces se ergue sobre unha pequena explanada deserta do rompente de pedra e algas creado para frear o condenado vento do suroeste, lugar de bicos de noivos en coches embafados nas noites de inverno. O día era brillante e puro, límpido ata a dor, un día de verán. A súa idade fantástica era duns quince anos e levaba como única indumentaria un pantalón azul mariño curto, preparado para o baño. Atopábase de pé, sentindo o seu corpo cheo dunha forza e vigor potentes, sendo consciente do seu perfecto estado físico. Permanecía inmóbil mirando o mar e notando que o tempo non transcorría coma sempre, de forma pesada e monótona, non, ese día o tempo fluía, coa mesma facilidade e mestría coa que as gaivotas que, planeando, domaban a brisa calorosa adornando o ceo intensamente índigo." (...)


"Non tiña medo, nin da altura á que se encontraba nin do outrora fero mar, limitábase a observar o admirable espectáculo que se lle presentaba: a paisaxe verde e frondosa dos montes de suaves curvas, a transparencia das augas das praias douradas, o faro brillando de blanco no medio do azul, os bloques de bateas aliñadas no medio da ría, as sombras que as nubes algodoadas proxectaban sobre os conxuntos de casas da vila. Todo era perfección e placidez."




Juan Parcero : “Sangue no ollo”

domingo, 25 de diciembre de 2011

Astrónomo



Hijo mío en ese planeta la vida es muy extraña, pero yo sigo registrando todo lo que observo. Sus años avanzan a una gran velocidad y las estaciones, semejantes a las nuestras, se producen a un ritmo frenético, mas yo continúo filmando, fotografiando y anotando todos los acontecimientos que ocurren en ese lejano astro.




Según mis cálculos, se encuentra a unos 4’2 segundos luz de nosotros, pero mis magníficos instrumentos de observación permiten contemplar hasta el más mínimo detalle. Percibo objetos incluso de tamaño microscópico pues, si de algo se jacta nuestra civilización, es del altísimo nivel conseguido en instrumental de telescopía.






Conseguí además, por primera vez en este tipo de estudios, observar y filmar el proceso completo de una formación planetaria: comenzando con la nebulosa inicial, su posterior movimiento de giro, producido por la onda expansiva de una supernova próxima, el surgimiento del protosol, la constitución de los discos de planetesimales, y la agrupación de estos pequeños cuerpos para crear todos los planetas de ese sistema solar.




Grabé la fase en que ese mundo no era más que una esfera incandescente y, posteriormente, el momento en que se establecieron los primeros océanos de aguas calientes. Y la aparición de los  seres unicelulares con su lento camino hacia formas pluricelulares.

 
 


Examiné los pasos en falso de la evolución con los diseños de vida que no fructificaron. Tengo almacenados, en mis discos de memoria, todas y cada una de las especies vivientes que aparecieron en él y también todas las formas intermedias entre unos grupos y otros.




Y las catástrofes sucesivas, debidas a múltiples causas, como variaciones del clima, impactos de meteoritos o gigantescas erupciones volcánicas, quedaron anotadas en mis archivos. Están apuntados todos los agrupamientos y separaciones de los continentes, con las consecuencias que provocaron sobre el medio ambiente y los seres vivos. Todo, todo se encuentra en mi colección científica.

 
 


Pero, si algo avisté con especial emoción, fue la aparición de esos animalillos curiosos y su adueñamiento del planeta. Su vida en la sabana, al aire libre o en cuevas y chozas. Su lenta distribución por todo el globo. La edificación de las primeras ciudades y la construcción de los enormes monumentos en forma de pirámide. Pude ver como unos grupos dominaban a otros, asistí a debates de filósofos en el ágora, a batallas impresionantes como la que llaman de Las Termópilas, contemplé las primeras olimpiadas o las luchas de gladiadores en los circos romanos. ¡Cómo me entretenía espiando la construcción minuciosa de las catedrales! ¡O el momento en que un grupo llegó en barco a otro continente, poniendo en contacto dos civilizaciones muy diferentes! Las guerras con armas cada vez más sofisticadas y destructivas, la aparición del trabajo en serie, los primeros ingenios voladores. Todo, todo se encuentra en mis archivos.
 
 


He aprendido una veintena de sus idiomas, por cierto de gran simplicidad. He estudiado la evolución de varios y comprobado como, por desgracia, muchos han dejado de utilizarse. De entre los que se usan hay uno que me atrae especialmente por su gran musicalidad y que denominan “gallego”. Lo suelo emplear, en mis ratos libres, para escribir poesía. Así, con el dominio de los principales lenguajes, pude conocer el nombre de sus personajes famosos y seguirlos en sus peripecias. De entre los muchos líderes religiosos poseo filmaciones de Lao-Tsé, del príncipe Siddhartha, de Jesucristo y de Mahoma. También se encuentran en mis archivos, personajes científicos de todas las épocas, como Eratóstenes, Arquímedes, Galileo, Copérnico o Newton. Tengo copias de todos los trabajos de Euclides y de otras obras importantes, incluso de las que ardieron en el incendio de la biblioteca de Alejandría.




Poseo grabaciones del viaje de Marco Polo a China, y de Magallanes y El Cano dando la vuelta al mundo. Conservo imágenes impresionantes en las que se pueden comprobar los esfuerzos sobrehumanos de Amundsen y de Scott caminando por la meseta helada de la Antártida en busca del polo Sur, y de la escalada al Everest realizada por Edmund Hillary con Tenzing Norgay.

 
 


¡Y la carrera espacial! ¡Que alegría sentí cuando consiguieron llegar a su satélite! En ese momento comprendí que tal vez me podría poner en contacto con ellos, ser capaz de enviarles todo lo que he atesorado durante los últimos años.




Hoy, con motivo de mi cumpleaños, les mandaré, como regalo de despedida, un mensaje con toda la información acumulada. La recibirán dentro de 4’2 segundos, y podrán conocer con detalle todos los aspectos de su historia.



Porque mi vida se acaba. Tengo, como sabes, ochenta años pero, cuando nuestro planeta da una vuelta alrededor de su estrella, el astro al que yo observo lo ha hecho 90 millones de veces. Si, tengo el equivalente a 7200 millones de años del mundo al que sigo, y mi cuerpo está muy debilitado.

 
 


Deseo que reciban este regalo como una pequeña muestra de la existencia de vida más allá de su sistema planetario. Creo que ya se encuentran lo suficientemente preparados para que esta revelación no les cause gran incomodidad.




Hijo mío, si deseas continuar mi labor, registra lo que sucede allí una vez conozcan toda esta información. Tus horas de ocio, como las mías durante todos estos años, se llenarán de alegría contemplando la evolución de esos pequeños seres y, quizás, podrás percibir la fase final del ciclo planetario, con la destrucción del astro por el aumento de volumen de su estrella. Calculo que esto ocurrirá dentro de unos sesenta años, cuando tú te acerques a la vejez. Así sabrás si fueron capaces de evitar su autodestrucción, si consiguieron crear colonias más allá de su pequeño mundo, o si llegaron a ponerse en contacto con nosotros.



Benno von Archimboldi: “La velocidad de la luz”

miércoles, 23 de noviembre de 2011

FOZ

                                               O  NENO  E  O  MAR



"A ambulancia estaba silenciosa pero a luz vermella daba voltas e voltas e era como si estivera a soltar o seu oubeo agudo e longo. As gaivotas seguían a voar, pero ninguén reparaba nelas. Os voluntarios da Cruz Vermella subían a angarella cargada cun pequeno vulto cuberto cunha saba branca. Arrodean a ambulancia con caras serias homes, mulleres e moitos nenos. Máis atrás da rolda de xente dúas nenas choran sentadas nunha morea de caixas de peixe. O día segue a ser soleado aínda que corre un vento frío que varre o peirao. Pero a ninguén lle acorda o vento, todos miran calados para a ambulancia.




O mestre fala preocupado cos mozos da Cruz Vermella.


--Eu non os podo acompañar. Se puidese ía co neno, pero teño que quedar con estes –sinala para os rapaces silenciosos e de caras asustadas.

O Paxaro achégase moi serio coa bolsa de plástico que di “Calzados Paqui. Becerreá” e póusaa dentro da ambulancia de par da angarella.

Un mozo da Cruz Vermella colle a bolsa de plástico e devólvella ó neno.

--Queda ti con ela, que a el agora non lle fai falta.

--É a merenda –di o mestre ao da Cruz Vermella.

Un dos mozos pecha unha porta dun golpe, dun lado da camilla cae un braciño asomando unha manga dun xersei verde mollado e unha manciña. O mozo pecha a outra porta e vaise para o asento do copiloto.

 
 


A furgoneta rompe a oubear e os nenos e a xente apártanse. Arranca e vaise pola costa que leva do peirao ás casas. Todos miran nesa dirección. O Paxaro cos ollos moi abertos está comendo un bocadillo de chourizo que sacou da bolsa de plástico.


--Ai, Paxariño, meu Deus –di o mestre--, ¿e logo ti non podías vixiar ao teu amigo, Señor? Sempre estades xuntos e hoxe precisamente... Nun momento en que perdo a un de vista.

--Eu parei cos outros a mirar como cosía unha señora.

--¿Que fas, desgraciado? Cómeslle o bocadillo ao defuntiño. Desgraciado. Toma, carallo, toma.

Unha muller sácalle ao neno e apértao contra si dándolle as costas ao mestre.

--Non lle pegue, pobriño, non lle pegue. Póñase tranquilo, non lle pegue. Xa bastante desgracia hai. O pobre meniño xa vai alá.

 
 



O mestre saca un pano, pásao pola cara e frega os ollos con el. O Paxaro sóltase da muller e cóllese á chaqueta do mestre.


--El quería ver o mar –di o neno con rabia.

O mestre ponlle unha man na cabeza ao neo que chora agarrado a el e mira para o mar.

--Vaia desgracia tan grande. Quen me mandou a min traervos ver o mar. Tanta ilusión.

Os nenos fan rolda de arredor do mestre e o neno. A pequena Vanessa achégase a mirar como chora o Paxaro, contráeselle a cara e ponse ela tamén a chorar baixiño.

--Non vos disgustar, rapaces, que o voso compañeiriño vai no ceo –di unha das mulleres chorando--. Alí ha estar agardando por el o que todo o ve".

 
 
 


                 Suso de Toro:  "Tic-Tac"

domingo, 6 de noviembre de 2011

Orugas



“Su cabello negro caía en cascada sobre la clavícula izquierda, y su modo de sacudir la cabeza para echarlo hacia atrás, y el hoyuelo de su mejilla pálida pertenecían a ese tipo de revelaciones a las que acompaña el sentimiento inmediato de una verdad reconocida. Su palidez era luz, y el negro de su pelo era una noche resplandeciente. Las faldas plisadas que prefería eran cortas y le sentaban perfectamente. Sus miembros descubiertos eran blancos, tan mínimamente bronceados, que la mirada que acariciaba sus pantorrillas y sus antebrazos podía seguir en ellos la pelusa oblicua y regular de su vello negro y sedoso de joven virgen.





 El iris castaño oscuro de sus ojos graves tenía la opacidad enigmática de la mirada de un hipnotizador oriental (en un anuncio de página anterior de una revista), y parecía situado a mayor altura de lo que es corriente, de tal modo que, entre su borde inferior y el húmedo párpado que lo subrayaba, se veía, cuando miraba frente a frente, un semicírculo blanco. Sus largas pestañas parecían ennegrecidas (y de hecho lo estaban). La gruesa línea de sus labios febriles evitaba a su rostro la gentileza afectada del elfo. Su nariz francamente irlandesa era, en pequeño, como la de Van. Sus dientes eran bastante blancos y no demasiado regulares.




¡Pero sus pobres manecitas! No había más remedio que apiadarse de ellas. Eran exageradamente rosas, en comparación con la blancura diáfana de los brazos, más rosas incluso que el codo, que parecía ruborizarse del estado lamentable de las uñas. Porque Ada se comía las uñas, se las comía tan despiadadamente que su margen había desaparecido por completo; en su lugar, un surco excavado en la carne como con un alambre añadía a los extremos desnudos de sus dedos el largo de una espátula adicional. Más tarde, cuando Van se aficionó tanto a cubrir de besos sus manos frías, ella le ofrecía siempre los puños cerrados, pero él, despiadadamente, la obligaría a extender los dedos para besar también aquellos almohadoncillos ciegos.”



Vladimir Nabokov:  "Ada o el ardor"