jueves, 5 de septiembre de 2013

La tiranía del trabajo

“¿Me permite el lector que yo le dé mis opiniones sobre la cuestión social? Para mí, toda la cuestión social se reduce a una sola cosa: que el hombre no quiere trabajar y que es preciso que trabaje. El hombre no quiere trabajar doce horas, ni ocho, ni cinco, ni dos; no quiere trabajar en un trabajo desagradable ni en un trabajo agradable; no quiere trabajar absolutamente nada. Pretender establecer el trabajo colectivo como base de la sociedad futura me parece, por lo tanto, un absurdo.





 Toda la civilización no es más que una lucha desesperada del hombre para no tener que trabajar. Si se han inventado máquinas, si se han canalizado ríos, si se han domesticado animales y si se han blanqueado negros, ha sido con el único objeto de que los negros, los animales, los ríos y las máquinas trabajasen por nosotros.




--¡Lo que inventan los hombres pa no trabajar! – decía el baturro del cuento viendo cómo un pintor copiaba el paisaje.


Y, en efecto, los hombres han inventado mucho y han trabajado rabiosamente para emanciparse de la horrible esclavitud del trabajo. Han creado el Arte, la Ciencia, el papel moneda y hasta algunas enfermedades infecciosas…

Claro que los obreros hacen bien en pretender que todo el mundo trabaje. Cuando trabaje todo el mundo, cada hombre trabajará menos, y el dolor de los más será atenuado, pero…

 



 Pero en la sociedad actual uno tenía siempre una esperanza de liberación, y en la sociedad futura no la tendrá nadie. El mal será menor, pero lo hará parecer mil veces mayor su carácter de mal ineludible. Hasta ahora, uno podía siempre pensar, según sus aptitudes o sus aficiones, en cometer un crimen, hacer una estafa o instalar una fábrica de vidrio y salvarse. Salvarse a costa de los otros; pero salvarse al fin. Mañana, en cambio, no habrá posibilidad de salvación para ninguno de nosotros. Todos tendremos que trabajar seis horas o cuatro horas o dos horas; pero tendremos que trabajar, y la cuestión social seguirá en pie.






Hasta que unas máquinas maravillosas nos lo hagan todo… y mientras no se den cuenta de que las explotamos.”






Julio Camba: “La rana viajera”

jueves, 20 de junio de 2013

Secretos

“Señoras y señores:


La propia palabra “secreto” es repugnante en una sociedad libre y abierta, y nos hemos opuesto intrínseca e históricamente a las sociedades secretas, a juramentos secretos y a procedimientos secretos.

 

Porque nos enfrenta en todo  el  mundo a una conspiración monolítica y despiadada que se basa principalmente en medios encubiertos para expandir su esfera de influencia basada en infiltración en lugar de invasión, en subversión en lugar de elecciones, en intimidación en lugar de libre elección.
   


Es un sistema que ha conscripto vastos recursos humanos y materiales para construir una máquina eficaz, estrechamente tejida, que combina operaciones militares, diplomáticas, de inteligencia, económicas, científicas y políticas.


Sus preparativos son ocultos, no se hacen públicos; sus errores son quemados, no salen en los periódicos; sus disidentes son silenciados, no elogiados. No se cuestionan los gastos, no se publican los rumores, no se revelan los secretos.    




Es por eso que el legislador ateniense Solon decretó como delito que los ciudadanos se aparten de las controversias. Pido su ayuda en la tremenda tarea de informar y alertar a la población norteamericana confiando que con su ayuda los hombres serán como han nacido, libres e independientes.”
   



John Fitzgerald Kennedy


Asesinado en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963.

viernes, 7 de junio de 2013

Preutopía




“A  Renda Básica é un concepto moi sinxelo. Consiste no dereito que ten cada cidadán a percibir unha cantidade periódica para cubrir as súas necesidades materiais, sen ningunha condición que as limite. É dicir, unicamente polo mero feito de nacer, pola singular razón de existir, a sociedade está obrigada a proporcionar a cada ser humano os medios materiais que garantan o benestar social que necesita para sobrevivir con dignidade. Esta cantidade irá: a) a cada persoa individualmente e non as familias; b) será independente de calquera outro ingreso que se perciba; c) sen a necesidade de ter un emprego asalariado, un emprego anterior, nin tampouco estar obrigado a aceptar un emprego se lle fose ofrecido.[…]




A vantaxe principal da Renda Básica reside na seguridade e liberdade que proporciona a todos os cidadáns saberse acredores a unha renda que garanta que as súas necesidades materiais máis elementais van quedar cubertas permanentemente. E que esta lles é debida por un dereito de cidadanía, independentemente de calquera outra circunstancia. […] O cal suporá un incremento da liberdade real das persoas. […]


Como sinala E. Van Parijs, así a persoa “é realmente libre en oposición precisamente a ser formalmente libre, na medida en que se posúen os medios, non só o dereito para facer calquera cousa que un puidese querer facer”. A Renda Básica asegura ás persoas un mínimo de subsistencia que lles permite escoller entre traballar ou non e, polo tanto, permite unha mellor planificación persoal da vida.[…]

 
    A cantidade a percibir polos cidadáns será equitativamente a mesma para todas as persoas, con total independencia da idade, os ingresos, o xénero, etc. E a contía a percibir que propoñemos será, como mínimo, a definida polo limiar da pobreza, equivalente ao 50% da renda per cápita.[…]

Non obstante, non todas as necesidades se resolven a nivel individual, senón que requiren a existencia de bens colectivos (por exemplo sanidade e educación públicas). Por iso, a nosa concepción da Renda Básica supón reforzar tamén a provisión destes. Con este obxectivo proponse que, das achegas totais dedicadas ao Fondo de Renda Básica, se dedique unha parte á satisfacción das necesidades colectivas en lugar de á distribución individual.[…]

 


En Alaska, unha parte do valor da explotación petrolífera está dedicada a dar unha Renda Básica á poboación residente.[…] Dende 1951, Canadá, mediante o programa de seguridade social para a terceira idade, paga unha pensión universal a todas as persoas a partir da idade de 65 anos, e sen máis condición que ser cidadán canadense ou residente legal (trátase dunha medida parcial en canto que introduce unha limitación por idade). […] No País Vasco o parlamento aprobou a Carta de Dereitos Sociais, na cal garante unha renda mínima mensual do 75% do Salario Mínimo Interprofesional a todas as persoas maiores de 25 anos dende o 2001.[…]
   


A Renda Básica supón unha rede de seguridade que permite ao cidadán e ao traballador defenderse mellor da continxencia dun despedimento libre e gratuíto; da arbitrariedade e a incerteza que a patronal exerce a través dos contratos temporais, e tamén lle proporciona unha maior capacidade para negociar colectivamente niveis salariais, condicións de traballo, vacacións, horarios, mobilidade xeográfica, flexibilidade e demais factores do mercado de traballo.[…]


Así mesmo, a Renda Básica aplicada como dereito cidadán, mellora as posibilidades de desenvolvemento das mulleres ao facer posible a súa independencia económica a todos os niveis. A Renda Básica fomentará a igualdade da muller e o home no mercado de traballo.[…]

   


Nas sociedades desenvolvidas, opulentas, chegou a hora de que o traballo asalariado, individualmente considerado, deixe de ser a base e a obriga da supervivencia material de cada cidadán. Como tamén chegou o momento de deixar de identificar a responsabilidade social e cidadá co feito de ter un traballo asalariado. En lóxica, nin o traballlo asalariado necesariamente representa un orgullo de ser útil á sociedade, nin tampouco que se haxa que continuar flaxelando co traballo para redimirse do pecado orixinal. A libre vontade de considerar o traballo, ou a actividade laboral, como fonte de mortificación e explotación persoal debe quedar reducida exclusivamente á decisión persoal de cada cidadán.”






José Iglesias Fernández: “Que é a Renda Básica das Iguais?”

viernes, 17 de mayo de 2013

VENGANZA



--¿Es verdad que una vez dominamos el mundo? ¿Qué hubo una época, hace muchos años, en la que solo nosotros existíamos sobre la Tierra?


--Sí, es cierto.

--¿Y que aún no llegaran esos ladrones de terreno que utilizan sus trampas y artimañas para restringir nuestros movimientos?

--Exacto.

--Pero, ¿cómo nos dejamos avasallar de ese modo? ¿Es que nadie se percató de lo que sucedía?




--Nuestros antepasados, al principio, consideraron a los nuevos como algo pasajero, simples advenedizos sin futuro que desaparecerían con los años. Por ello no reaccionaron durante mucho tiempo.


Poco a poco comprobaron que el espacio vital del que habían disfrutado durante generaciones menguaba, que cada nuevo ser que aparecía sobre los continentes, les segregaba o les utilizaba como alimento.

   


Cuando solo quedaba una ínfima cantidad de especies de nuestro tipo, llegó la primera respuesta. Al fin decidieron contraatacar, y hacerlo comenzando por los vivos que se mueven, pues sabían que así también se librarían de gran cantidad de advenedizos: esos prepotentes de flores y semillas.


Concentraron en sus cuerpos sustancias que a los demás les resultaran cancerígenas y los comedores de hierba y muchos comedores de carne, como efecto colateral, cayeron eliminados. Esto bastó para incrementar notablemente nuestro espacio vital, pero algunos malditos seres móviles aprendieron a identificarnos. Ya no se alimentaban de nosotros, pero ellos no morían.

 


El siguiente paso consistió en excretar veneno, líquido y gaseoso a través de las hojas y de las raíces. Solo los nuestros podían soportar tales concentraciones venenosas y, al reducirse el número de los floridos advenedizos, también cayeron nuevos comedores de verde provocando cambios inmensos en los ecosistemas.


--Pero todavía queda el vivo móvil peor de todos: el que construye máquinas y emplea herbicidas. ¿Seremos capaces de vencerle?

   


--Ya lo creo. En la última asamblea decidimos concentrar altas dosis del tóxico mutágeno en nuestras esporas. Como sabes, solo el uno por ciento de ellas se transforma en nuevos descendientes. Las demás se pierden y muchas de ellas son inhaladas por los vivos que se mueven.


Así, lentamente, durante varios millones de años, contaminaremos la atmósfera con esporas malignas, dotándolas además de mayor poder de flotabilidad en el aire. Las corrientes atmosféricas las esparcirán por todo el planeta y, nuevamente, nosotros, los helechos, los primeros vegetales con tejidos, volveremos a dominar la Tierra.





    Benno von Archimboldi: "Cormófitos Pteridófitos"

miércoles, 8 de mayo de 2013

CHINA


“La muerte de mi madre me ayudó a convencerme de que deberíamos contentarnos con lo que tenemos y no esforzarnos por conseguir más de lo que debemos. Si todo el mundo estuviera en la cima, ¿quién iba a sujetar la base? Si todo el mundo fuera a la ciudad para divertirse, ¿quién se quedaría en casa plantando las cosechas?



Cuando el Anciano que está ahí arriba creó a los hombres, utilizó diversas materias primas. La de mejor calidad fue para los oficiales, la de calidad media fue para los trabajadores y lo que quedó lo empleó para crearnos a nosotros, los campesinos. Tú y yo estamos hechos de retales y tenemos suerte de seguir vivos. ¿No es cierto, Cuarto Tío? Es como esa vaca tuya, por ejemplo. Tiene que empujar tu ajo y, para colmo, tiene que cargar también contigo. Si reduce el paso, recibe una buena ración de tu látigo. Las mismas normas rigen a todas las criaturas vivas. Por esa razón tienes que aguantar, Cuarto Tío. Si lo consigues serás un hombre, y si no, te convertirás en un fantasma.




Hace unos años, Wang Tai y sus amigos me hicieron beber mi propia orina, eso fue antes que Wang Tai llegara al poder, así que apreté los dientes y lo hice. No fue más que un poco de pis, sólo eso. Las cosas por las que nos preocupamos sólo están en nuestra cabeza. Nos engañamos a nosotros mismos al creer que somos puros. Esos médicos con sus batas blancas, ¿son puros? Entonces, ¿por qué comen la placenta? Piénsalo por un momento: vete a saber de qué parte de la mujer sale eso, lleno de sangre y todo, y sin siquiera lavarla, la cubren con ajo picado, sal, salsa de soja y más cosas, luego la fríen un poco y se la comen. El doctor Wu se quedó con la placenta de mi esposa y cuando le pregunté qué tal sabía, dijo que era como comer una medusa. Imagínatelo, ¡una medusa! ¿Habías oído alguna vez algo más asqueroso?




Así que cuando me dijeron que me bebiera mi propio pis, me lo tragué todo, una botella entera. ¿Y qué pasó después? Pues que seguía siendo el mismo tipo, todo seguía en el mismo sitio. El secretario Huang por entonces no se bebía su propia orina, pero cuando años más tarde contrajo cáncer se comía crudas las víboras, los ciempiés, los sapos, los escorpiones y las avispas, “hay que combatir el fuego con el fuego”, decía, pero lo único que consiguió fue prolongar su lucha durante seis meses antes de exhalar su último suspiro.”






Mo Yan: “Las baladas del ajo”

jueves, 21 de marzo de 2013

Torre de Babel


Aquella ciudad se llamaba Babel, y en ella había, desde tiempos inmemoriales, una enorme torre. Nadie recordaba quien la mandara levantar, pero debía tratarse de un emperador muy poderoso.

Fue edificada durante siete generaciones sucesivas, y en cada una de ellas se construyó una sección de la misma, cada vez más pequeña. La razón era que, aunque la atalaya disminuía de grosor con la altura, la dificultad de subir materiales, máquinas y obreros a una elevación cada vez mayor, dificultaba el avance de la obra.




Los arquitectos más destacados del imperio trabajaron en su diseño, y las medidas y proporciones de su estructura eran de una precisión inigualable. Además, utilizaron los mejores materiales disponibles en aquella época. El armazón o esqueleto era de dura roca arenisca. Para los muros, arcos de transmisión de fuerzas y revestimiento interno de las viviendas, se empleó ladrillo. En el embellecimiento externo de la torre se usó mármol de diferentes colores.




Una de las características más sobresalientes del edificio era su enorme patio interior. Se trataba de un hueco con la forma de un cilindro perfecto de 12 metros de diámetro y de una altura idéntica a la de la torre, es decir, de 300 metros. Por él penetraba la luz del sol y, además de iluminar todas las estancias interiores, el recorrido de la misma por las cóncavas paredes servía de reloj y de calendario. Como Babel se encontraba más al norte del trópico de Cáncer, el sol jamás iluminaba directamente la base del cilindro.


Fue aquí, en esta ciudad, donde alguien demostró por primera vez que la Tierra se movía, y que lo hacía sobre su eje, del mismo modo que gira una peonza. Se llamaba Nicoperno y había escandalizado a los sacerdotes del templo con sus herejías. Decía que el Sol no sale por el este, ni recorre el cielo durante el día, ni se pone por el oeste. Según él era la Tierra la que rotaba, mientras el astro rey permanecía inmóvil.

Tampoco se movían las estrellas durante la noche, sino que su desplazamiento aparente se debía al movimiento de nuestro planeta. Por ello fue apresado, juzgado y condenado a muerte.




En aquel país se le permitía al reo elegir la forma de morir: era un lugar con cierto grado de democracia. Y el condenado podía escoger entre varias posibilidades: hoguera, veneno, horca, hacha, lapidación, desangramiento o cualquier otro método poco costoso e infalible.


El prisionero eligió, y le aceptaron, el siguiente procedimiento que, aunque inusual era barato. Se trataba de situar una espada de bronce colgada en la parte central superior del patio cilíndrico de la torre. Y a él, al reo, atado firmemente a un poste vertical en la base del patio. De tal manera que la espada apuntara a su cabeza.

Al cortar el hilo que sostendría a la espada, ésta caería y, como estaba situada verticalmente sobre la cabeza del condenado, lo mataría instantáneamente.

Ningún viento ni corriente de aire circulaban la mañana prevista para el ajusticiamiento. Ese día miles de personas se congregaron en las ventanas y balcones que daban al patio central para contemplar el espectáculo. Una representación de los doctores del templo asistía al acto, así como diferentes autoridades que nunca habían visto una ejecución como aquella.

Los mejores matemáticos de la ciudad hallaron tanto el centro del círculo superior como el de su base. Para tener una seguridad total, utilizaron una plomada unida a un largo cordel, para calcular tanto el lugar de fijación de la espada como aquel que debería ocupar la cabeza de Nicoperno. Empleando una viga de cedro que cruzaba sobre el diámetro del círculo superior, ataron la espada de un hilo y ataron éste en el centro de la traviesa.

 


Luego, fijaron una estaca vertical en el suelo del patio interior, de tal manera que el preso se situara en el centro del mismo, y lo ataron a ella fuertemente. Además su cabeza, sujeta con una cinta que pasaba por su frente, se mantenía totalmente inmóvil.


Nicoperno había pedido, y se le había concedido, un último deseo: estar atado de tal manera que su espalda quedara hacia el este y su cara hacia el oeste.

Con unas tijeras muy afiladas, el verdugo cortó el hilo que sostenía a la espada, y ésta bajó como un rayo.

Un grito desgarrado salió de las gargantas de muchas de las personas reunidas, pero luego, un sonido seco y sordo, como el de una afilada azada clavándose en el suelo, retumbó en todo el hueco del edificio. La espada se había incrustado en el patio, a la espalda del reo, sin rozar siquiera al condenado ni al poste donde se encontraba atado.

Nadie encontraba explicación a este hecho tan sorprendente, ya que los cálculos para determinar el centro superior e inferior del cilindro habían sido exhaustivos. Ninguna persona comprendía a qué se debía semejante desvío del arma.

Hasta que se oyó decir al reo:” ¡Acabo de demostrar que la Tierra se mueve!”

   


Lo liberaron de las ataduras y, en una sala aparte, entre los matemáticos y doctores, explicó a qué se debía el sorprendente hecho.


La Tierra, dijo, gira sobre su eje de oeste a este, y la velocidad de giro aumenta con la altura. Si dejamos caer libremente un objeto desde una cierta elevación, éste caerá con un pequeño empuje en dirección hacia levante. Este impulso fue el que desvió a la espada y me salvó la vida. Si la Tierra estuviera inmóvil, la espada me habría matado.

Más tarde, los matemáticos y doctores realizaron experimentos dejando caer numerosos objetos y pudieron comprobar que lo que mantenía Nicoperno era cierto. Así que lo nombraron director del observatorio de Babel y allí permaneció investigando durante muchos años hasta su muerte.


Benno von Archimboldi: "Los gravitatorios prenewtonianos"

miércoles, 13 de marzo de 2013

Ondas y partículas



Había una vez en un lejano país oriental, un tirano gobernante que, además, era físico. Y no un físico cualquiera: se trataba de un físico cuántico.


En cierta ocasión detuvo, juzgó y condenó a muerte a ocho disidentes. Éstos discrepaban de las teorías mantenidas por su gobernante, que en aquel país eran artículo de fe. La “banda de los ocho”, que así se llamaban los revolucionarios, sostenía públicamente la existencia de una realidad más allá de nuestras percepciones, algo inaceptable por el dictador. Para él todo lo que consideramos real sólo era fruto de nuestra observación, todo se encontraba en nuestra mente.





La pena de muerte en este país se llevaba a cabo mediante fusilamiento. Pero sucedió que, como el estado sufría un embargo económico y comercial por parte de las naciones libres, sólo disponía de cuatro balas. Buscando en toda la nación únicamente pudieron juntar cuatro proyectiles, y la mayoría del pueblo pensó que, al menos, cuatro de los reos podrían seguir con vida.




Pero el tirano, conocedor de la teoría cuántica, sabía que cualquier cuerpo material tiene un comportamiento de onda y de partícula. Así que, el día establecido para la ejecución, hizo situar a los ocho reos  maniatados y con los ojos vendados ante una pared. Los ubicó separados unos de otros a unas ciertas distancias que midió con precisión. Y, entre ellos y los cuatro soldados que serían los encargados de disparar las cuatro balas, mandó colocar una gran plancha de acero que presentaba dos rendijas verticales muy próximas.




Sabía que las balas, al ser disparadas hacia las rendijas, se comportarían como ondas y crearían fenómenos de interferencia en la pared posterior. Justo donde el tirano había calculado que estas ondas se sumaban, se encontraban situados cada uno de los ocho encausados.


Y fue así como murieron aquellos ocho opositores en aquel lejano país. Asesinados por una teoría en la que no creían.

 


Benno von Archimboldi: “De Arquímedes a Bohr”